El domingo salimos a las 6 de la tarde de Villavicencio hacia Bogotá y fueron casi 10 horas de viaje. Llegamos a las 3 de la mañana después de vivir lo que hoy padecen miles de ciudadanos todos los días: una vía llena de derrumbes, pasos restringidos y los tres peajes más caros del país.
Por eso, en la plenaria de la Cámara de Representantes, hice un llamado al Presidente de la República, al Ministerio de Transporte, a la ANI y a la Concesionaria. Prometieron soluciones, pero no han hecho nada.
Cada día que pasa, esta carretera se convierte en un castigo para los llaneros, los transportadores, los agricultores y las familias que dependen de ella.
No es justo que sigamos pagando tarifas altísimas por una vía que no garantiza ni seguridad, ni movilidad, ni desarrollo.
La Orinoquia merece respeto, vías dignas y un Gobierno que cumpla con su palabra.