En la Comisión Quinta insistimos en una verdad incómoda: la narrativa sobre la deforestación en Colombia se ha contado al revés.
Mientras se señala al campesino que habita parques y reservas, se oculta la responsabilidad de los grandes capitales y proyectos que han transformado el territorio por décadas.
Recordamos que las zonas de reserva no están vacías: allí viven 9.6 millones de personas que han construido arraigo, cuidado y comunidad. Negarlo es desconocer la realidad rural de Colombia.
La discusión sobre la tierra no puede seguir centrada en los pequeños, mientras se evaden los debates sobre quienes concentran miles de hectáreas y han impulsado la expansión de la frontera agrícola.
Colombia necesita una política pública que reconozca a los campesinos como guardianes del territorio, no como enemigos del bosque.
Debemos mirar desde las alturas —literal y metafóricamente— para identificar dónde está ocurriendo la deforestación y quiénes realmente están detrás.
Porque la justicia ambiental no puede ser selectiva.
Porque el ordenamiento del territorio debe incluir a quienes lo habitan.
Porque la verdad, aunque incomode, es necesaria para construir país.
Si lo dice Parrado, póngale cuidado. ![]()


