12 de mayo de 2026.
Hoy levanté mi voz en la plenaria de la Cámara para dejar una constancia que puede marcar un antes y un después en la historia del Congreso de Colombia. Después de más de 30 años con una Ley Quinta desactualizada, vamos a radicar un proyecto que busca poner orden, disciplina y responsabilidad en el trabajo de Representantes y Senadores. Porque el país está cansado de ver un Congreso desconectado de la realidad de la gente.
Se acabó el tiempo de aparecer solo para registrar asistencia y desaparecer el resto de la sesión. Se acabaron las comisiones eternas sin resultados y las excusas que nadie revisa. Queremos un Congreso que trabaje como trabaja cualquier colombiano: con horario, permanencia y resultados. Por eso proponemos sanciones económicas, control real a las ausencias injustificadas y hasta pérdida de investidura para quienes incumplan su deber con el pueblo.
Este proyecto no es contra nadie; es a favor de Colombia, de la transparencia y del respeto por los ciudadanos que esperan un Congreso serio y comprometido. Y si no lo aprueban, por lo menos quedará en la historia que lo intentamos y que dimos la pelea por cambiar las cosas.