Hoy no es un día cualquiera. El 9 de abril se conmemora en Colombia el Día Nacional de la Memoria y Solidaridad con las Víctimas del Conflicto Armado. Y mientras el Congreso en pleno se reúne en el Salón Elíptico para rendir homenaje, yo no puedo quedarme solo en el discurso.
Porque la realidad es otra. Año tras año venimos a escuchar palabras, a aprobar leyes, a hacer actos simbólicos… pero las víctimas siguen esperando. Siguen enfrentando un calvario para que el Estado les cumpla, para que sus derechos sean una realidad y no solo una promesa escrita.
Mi postura es clara y política: este país no necesita más homenajes de micrófono, necesita reparación integral de verdad. Que las leyes se sientan en la vida de las familias, que haya justicia real y dignidad.



