Hoy me puse el traje y me metí de lleno a este fascinante mundo de las abejas.
Desde el apiario de Santa Lucía, en San Carlos de Guaroa, acompañamos a esta familia que cuida, protege y alimenta sus colmenas en medio de un invierno difícil.
Aquí no se trata solo de producir miel, se trata de conservar la vida, porque cuando llueve tanto, las abejas no pueden salir a pecorear, y toca ayudarles con alimentación asistida: un jarabe especial que les permite sostener la colmena y mantenerla fuerte.![]()
Hoy lo viví de cerca. Y entendí, una vez más, que los apicultores no solo trabajan con abejas… trabajan con esperanza, con paciencia y con respeto por la vida.
Cuando uno se mete en este mundo, se da cuenta que si la humanidad actuara como las abejas, otra historia estaríamos contando.