Hoy viví una experiencia que me recordó por qué vale la pena hacer política con propósito.
En la Cámara de Representantes recibimos a niños y jóvenes que, más que visitantes, son el presente y el futuro de Colombia. Y no quise hablarles de trámites ni de cómo funciona el Congreso… quise hablarles desde el corazón. Les conté que yo también estuve sentado donde hoy están ellos, soñando, imaginando un país mejor, y que esos sueños, cuando se trabajan todos los días, sí se pueden convertir en realidad.
Porque lo fundamental es soñar, pero también tener la disciplina de construir ese sueño paso a paso. No importa si quieren ser ingenieros, médicos, artistas o líderes públicos… lo importante es que no se rindan. Que persistan, que resistan y que nunca desistan. Que entiendan que cada gran camino empieza con un primer paso, y que todos los días hay que avanzar en la dirección de lo que queremos ser.
Hoy más que nunca creo en una Colombia que se construye desde la niñez y la juventud, con esperanza, con valores y con oportunidades reales. A ellos les digo: no dejen que nadie les quite sus sueños, defiéndanlos con alegría, con pasión y con convicción.
Porque ahí, en esos sueños, está el país que queremos construir.



